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O'Neill no es un nombre de tango


El Mago uruguayo publicó su libro de memorias 'Hasta la última gota'. Dilapidó millones en excesos y alcohol. Pero sin dramas, como le gusta recordar al músico Igor Paskual en este perfil.

 

Igor Paskual.- El tango es una creación rioplatense, no pertenece en exclusiva a Montevideo o a Buenos Aires sino que es fruto de ambos márgenes del Río de la Plata. Si tuviera que establecer una diferencia entre los dos tangos diría que el uruguayo tiene un componente más negro, más bailable donde aún se nota más la milonga. Y también es menos nostálgico. Puede que eso se deba a que la presencia negra en Buenos Aires es menor que en Montevideo ya que durante la fiebre amarilla de 1871, los negros -que no podían permitirse el lujo de escapar de la ciudad- murieron en esa brutal pandemia. Además, la fortísima emigración europea que recibió la capital argentina en muy pocas décadas acrecentó ese sentimiento de tristeza. La historia de Fabián O’ Neill (Paso de los Toros, 1973) podría sonar a la típica narrativa de pobreza, ascenso y caída que tanto gusta en el tango argentino y el Hollywood clásico, pero él se diferencia del planteamiento clásico porque en él no hay drama. O, al menos, no lo percibe así.

También tuvo 20 caballos en el hipódromo de Maroñas. O'Neill era "burrero" y es fácil imaginárselo cantando "por una cabeza", esa historia de desamor y apuestas, o en palabras del propio O'Neill sobre su propia vida, "caballos lentos y mujeres rápidas"

No hay arrepentimiento en sus actos -de icono de la Serie A a ex jugador arruinado- sino que además tampoco echa la culpa a nadie de su ruina. Es consciente de los errores cometidos o del camino seguido. No responde al arquetipo de jugador que siente que su representante le robó. Al contrario, afirma que le hicieron ganar mucho dinero y que tuvieron excesiva paciencia con él. Tiene, -ahí sí es clásico-, sus rencores con sus ex mujeres, pero en el fondo él es un tango alegre y uruguayo. No parece menos feliz que cuando era millonario. Su historia es atípica en el fútbol uruguayo puesto que es uno de los países donde más se valora el trabajo y el compromiso colectivo de los futbolistas, como si el esfuerzo estuviese incluido en el ADN nacional. O’ Neill, genial, pero indolente, es una rara avis entre charrúas, siempre cumplidores en todos los ámbitos de la vida. Por eso, después de haber debutado y ganado un campeonato -el único de su vida- en Nacional, triunfó en el fútbol italiano, en un equipo perfecto para él: el Cagliari de Cerdeña donde fue capitán.


Equipo de Serie A -con un descenso a B y un rápido ascenso-, que era lo suficientemente grande para mostrar su talento, pero no demasiado gigante, algo que le permitía mantener una vida crápula. Los rigores de la Juventus donde militó un año son incompatibles con una vida disoluta impregnada en alcohol, mucho alcohol. Era la vida antigua de los talentos naturales, esos que como no han costado trabajo, apenas se valoran. En la curva ascendente del triunfo, nunca se mira el precipicio que se asoma cuando el dinero se acaba. Tras la Juventus, pasó sin pena ni gloria por el Perugia, otro regreso a Cagliari y con sólo 29 años y 14 millones de dólares en el bolsillo, se retiró allí donde empezó, en Nacional. Demasiado esfuerzo para él. Mucho menos trabajo le costaba regalar dinero, casas y compartir tragos con quien se le pusiera a mano. Hombre de campo, llegó a comprar 1.105 vacas por 250.000 dólares en una subasta a la que acudió borracho. Gracias a su abogado consiguieron devolverlas casi todas.


También tuvo 20 caballos en el hipódromo de Maroñas. O’ Neill era “burrero” y es fácil imaginárselo cantando “Por una cabeza”, esa historia de desamor y apuestas, o en palabras del propio O’ Neill sobre su propia vida, “caballos lentos y mujeres rápidas”. Pero, en vez de poner drama como Gardel, él la entonaría con una sonrisa en la boca y sin tristeza, aceptando la vida en toda su extensión, en el goce del placer y el sangrado lento del dolor. Un Nietzsche vestido de corto dotado de una inteligencia desprovista de toda retórica que vive la vida que le satisface. O’ Neill no tuvo una infancia feliz, le crió su abuela y, como sucede con toda belleza feroz, su creatividad se impuso entre las espinas y el estiércol, como el sol lejano que aún es capaz de filtrarse entre la capa de contaminación. Así que ahora prefiere atender un puesto de verduras en Montevideo, seguir tomando hasta que la vesícula se lo permita -fue operado-, cuidar a su hijo pequeño antes que estar de comentarista deportivo en la televisión nacional.

Ilustración Roberta Vázquez

Artículo escrito por Revista Líbero. Encuentra la biografía de Fabián O'Neill en: Ultras.cl


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