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Una Doble Vida

Actualizado: 23 abr

“La vida es como una fotografía. Necesita los negativos para desarrollarse.” - Anónimo

 

Érase una vez un Chievo, el Chievo de los milagros, corría la temporada 2001/2002 y los tifosi gialloblu disfrutaban de la hazaña del club de sus amores.


Los "Mussi Volanti”, apodados así por el otro equipo de la ciudad el Hellas, disputaban su primera temporada en primera división de Italia y llegaban nada mas que al quinto puesto de una liga italiana llena de leyendas, incluso llegaron a soñar con un Scudetto, algo que hubiera sido realmente legendario.


Los gritos del Hellas Verona “Quando i mussi volerà, faremo il derby in serie A” dejaban de corearse en la curva sud del estadio Bentegodi y la clasificación a la Copa de la UEFA ya era un logro histórico para el equipo de un pequeño barrio de Verona. El equipo, en ese entonces, era liderado por Luigi Del Neri que utilizaba la formación 4-4-2 inspirado por Sacchi y Sir Alex Ferguson. El plantel no tenia nombres icónicos y el único jugador que contaba con una reputación respetable era Eugenio Corini, que en su juventud vivió una breve temporada en la Vecchia Signora, pero en ese entonces sus compañeros de equipo eran todos nombres desconocidos para el público en general: Marazzina, Corradi, Perrotta y, para hacer incursiones por las bandas dejó a Manfredini por un lado y a la derecha al brazuca Eriberto, nuestro héroe. Y es que sólo hace un par de años antes Campedelli había pagado al Bologna cerca de 2,5 millones de euros por ese espigado brasileño.


Eriberto Conceição da Silva, clase 79’, acababa de ser traspasado por el Bologna, el club que lo trajo a Italia después de haberlo visto con la camiseta de Palmeiras, llegaba al Chievo Verona y conseguían un extraordinario primer año en la máxima categoría con el equipo del pequeño barrio de Verona. Todo parecía ir a favor del joven brasileño, que también coqueteaba con la verde-amarella en una posible convocatoria para la Copa del Mundo del 2002, que a la postre fue ganada por la Seleção del propio Ronaldo, Rivaldo, Cafú y Ronaldinho, una oportunidad que lamentablemente nunca se concretó.

La promesa brasileña brillaba en Italia a principios del 2000

De vuelta a la realidad

Por no haber participado en aquella Copa del Mundo celebrada en Asia se rumoreaba un "premio de consolación" proveniente de la Lazio, que en ese entonces ofertaba 18 millones de euros por Eriberto, y que además era uno de los candidatos más fuertes para el Scudetto de ese año. El mejor momento de su carrera parecía haber llegado, pero no.


Algo hace click en la cabeza del brasileño, después de haber sido informado por su abogado Pedrinho, el 22 de agosto de 2002, Eriberto había nacido por segunda vez, y renace como Luciano Siqueira de Oliveira. El mensaje era corto, habla rápido, sin amagues y dispara fuerte y raso:


"Mi verdadero nombre es Luciano, no Eriberto. Y no tengo 23, sino 26 "

Misterio revelado. El engaño había comenzado en 1996, cuando uno de los muchos grupos de presión que asisten al bajo mundo del fútbol solo por intereses monetarios, le habían proporcionado documentos falsos, con los cuales había engañado al Palmeiras, fundamentando su reprochable acción con las siguientes palabras:


"Crecí sin padres, y tuve que trabajar para comer. Aproveché esta oportunidad para salir de la pobreza, y escuché a personas mayores que me aconsejaron que lo intentara. Si vas, dijeron, comenzarás una nueva vida".

Con esta estafa, Eriberto/Luciano había hecho sin duda un acto que podría considerarse como despreciable, pero nunca se pudo haber llevado a cabo si no hubiera tenido lo necesario para llegar a la elite del futbol, ya que, se puede falsificar el documento, pero no el talento. Sin embargo, dentro de él seguía habiendo un sentimiento de culpa y una crisis de identidad que, al final, lo hizo explotar. Obviamente, su sacudida de conciencia no solo involucra el fallido paso a Lazio, sino que también una descalificación del futbol profesional de un año, luego reducida a seis meses por haber admitido. Aunque ya había sido suficiente para él evitar la prisión u otras consecuencias criminales.

Criminal o no, Luciano cumplió el sueño

Suspendido por seis meses y con la transferencia a la Lazio detenida, en la temporada siguiente en el álbum de Panini, nos encontramos con la lámina de Luciano, y nuevamente en el Chievo. Junto con eso, se revelan todos los detalles de la historia: Aquel joven que vivió en Río de Janeiro, tenía 20 años y quería ser futbolista a cualquier precio, cuando en 1996 se presentaron a un fiscal le mostró documentos falsos, robados a un agricultor del estado de Río que, después de lo sucedido, tenia la esperanza de una buena compensación por daño moral. Su presentación de prueba en Palmeiras empezaba a ilusionar el joven Eriberto, aunque no convenció del todo en un principio y los directivos indicaban que el chico no era muy bueno aún, consideraron su edad, 17 años, y lo tomaron como proyecto a futuro, y pensaron que si lo trabajaban tendrían frutos.


Dos años después Eriberto llegaba al Bologna en la Serie A. Pepe Grillo comenzaba a aparecer cuando se convertía en un jugador en plenitud, que estaba a punto de dar el salto a un grande y que a medida que pasaba el tiempo él se empezaba a cuestionar lo que había hecho. Pudo haberse ido a Nueva York y ganar mucho dinero, pero ya no podía soportar el peso de la mentira. Y claro, su dinastía, él quería que su hijo pudiera usar su apellido.


Luego de haber admitido y haber sido castigado, ya libre de culpa en la temporada 2003/2004 va al Inter, buscado por un Cúper en busca de refuerzos en las alas. Su adaptación en Milán fue muy difícil, también por la alternación entre el banco y la cancha que le da su otro técnico, Zaccheroni, substituto de un despedido Cúper. Al final, consigue solo cinco apariciones con la camiseta nerazzurri. El verano siguiente regresa a Chievo, que es donde se siente como su verdadera casa de fútbol, ​​y se queda allí durante nueve temporadas, incluida la que pasó en la Serie B, después del descenso en el año 2007.


Luciano enfrentando a la mejor versión de Kaka

Al final de la temporada 2012/2013, Luciano cumplía 38 años y, como ahora es conocido por todos, no puede hacer nada para ocultarlo. Chievo decide no renovar su contrato, pero después de una lealtad que duró 13 años, le pidió permanecer en sociedad con el papel de scouting, en busca de jóvenes talentos que, como él hace muchos años, pudieran surgir en los clubes de Brasil o en algún otro rincón del mundo.


Ya son parte del recuerdo que él y Manfredini se ganaran el apodo de "flechas negras”, pero lamentablemente para Luciano, esta vez la justicia no fue ciega.


Podría ser el título de una película. Algo como ”Soy leyenda" y "Soy venganza", podría ser “Soy Luciano": historia de un niño brasileño con el sueño de jugar al fútbol en Italia, para escapar de la pobreza y que vende su alma para adquirir una nueva identidad.


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