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Hombres G: Algo me dice que hoy voy a pasármela bien

Había una vez un equipo de fútbol tan bien engranado que lo bautizaron “la máquina celeste”. El apodo no era gratuito; además de deslumbrar a los hinchas con un juego, digamos, bonito, también era contundente en el marcador. Esta combinación de espectáculo y eficacia lo llevó a convertirse en el tricampeón peruano los años 1994, 1995 y 1996. Para los que piensan que tanta hermosura no puede ser real, les cuento que Sporting Cristal, 25 años después del histórico Universitario de Deportes de 1972, repitió la épica y en 1997 se convirtió en el segundo equipo peruano en llegar a una final de Copa Libertadores. En los siguientes párrafos te cuento más sobre esta generación de oro, pero también de carne y hueso.

El fútbol peruano se encuentra en una crisis interminable. Salvo la selección, el resto del balompié nacional vive en cuidados intensivos. Hace 9 años que un equipo de nuestro país no figura entre los 16 mejores de la Copa Libertadores. Ese es solo un dato que refleja el paupérrimo papel a nivel internacional. Podría brindar más datos, pero me deprimo y no termino de escribir.

Ante este desalentador panorama actual, solo queda refugiarse en el siempre confiable pasado: “todo tiempo pasado fue mejor”, reza el dicho popular. Sin embargo, es necesario remontarse muchos años para recordar las épocas gloriosas.


Hecha la advertencia, continuemos. Año 1994.

El histórico ex jugador de la selección peruana y de Sporting Cristal, Juan Carlos Oblitas, toma las riendas del equipo celeste. Algo que en nuestros días es muy común: darle el poder del banquillo a la leyenda que alguna vez tuvo todo el poder sobre el césped. A veces esta jugada de escritorio tiene buenos resultados en la cancha, otras termina en autogol. En aquella oportunidad fue un gol de media cancha. Oblitas recuperó la identidad de Cristal y la llevó a su máxima expresión convirtiéndolo en una máquina celeste. Eran Hombres G, pero no precisamente porque tuviesen dotes musicales, sino porque goleaban, ganaban y gustaban.


Aquel esplendor sobre el verde se vio plasmado en la tabla de posiciones y Oblitas consiguió el bicampeonato con Cristal en el 94 y 95. Por esos tiempos, los del Rímac llegaron a ocupar el puesto 12 del ranking mundial de la FIFA, algo inédito e inimaginable para los clubes peruanos hoy en día. Gracias a ese éxito de ensueño, los directivos de la Federación consideraron que Oblitas era el hombre encargado de devolver a la Selección a un mundial después de tres ediciones. Así las cosas, lo nombraron director técnico nacional. Sergio Markarián, el sucesor, no sintió el golpe de tener que comandar a un equipo consolidado y se acopló perfectamente. Venir de Universitario de Deportes, uno de los tres grandes de Perú, fue uno de los factores que permitió su fácil adaptación. De esa forma, logró el ansiado e histórico tricampeonato en 1996. Pero el medio local solo sería una antesala de la gloriosa etapa a nivel internacional.

En 1997 Sporting Cristal jugó la mejor Copa Libertadores de su historia. El camino comenzó con un grupo bastante difícil conformado por Alianza Lima, Gremio y Cruzeiro. Sin embargo, Cristal salió bien parado de esa fase. Clasificó como tercero porque antes los terceros también clasificaban.


FASE DE KNOCKOUT


En octavos de final empezó la ruta épica y gloriosa. El primer rival a vencer fue el histórico Vélez que venía de salir primero en un grupo con nada más y nada menos que El Nacional de Ecuador, Racing y Emelec. Superada la prueba, en cuartos de final midió fuerzas con el siempre difícil Bolívar de La Paz, cuya ciudad, debido a sus 3625 metros de altura, paradójicamente puede ser un calvario si tienes un mal día. Sin embargo, demostrando un gran aplomo, Cristal no solo salió vivo de Bolivia; sino que, también superó la fase con un global de 4-2.


ESTO VA EN SERIO


La siguiente fue una prueba de fuego cuyo escenario se situó en el infierno del Cilindro de Avellaneda. En aquella semifinal, Racing era el gran favorito. Venía de eliminar en octavos al vigente campeón y clásico rival, River Plate; mientras que en cuartos había vencido de manera ajustada, al también histórico continental Peñarol. En Avellaneda el primer tanto lo marcó Racing y, tras el empate, Cristal cerró el primer tiempo en tablas. La segunda mitad fue una avalancha celeste, pero local. En menos de 20 minutos, Racing ya estaba arriba en el marcador 3-1 y parecía que la goleada se avecinaba. No obstante, los “Hombres G” supieron aguantar el embate y dejaron el marcador con los mismos números hasta el 88. En ese bendito minuto, el histórico goleador Luis Bonnet la metió dentro del arco tras una asistencia magnífica de Julinho quien había desbordado a Claudio Úbeda.


El partido de vuelta fue la cereza del pastel. Sporting Cristal fue inmensamente superior a un equipazo de Racing conformado por estrellas como Carlos MacAllister, Rubén Capria y el “Chelo” Delgado. ¿El resultado final? La máquina celeste goleó y gustó con un 4-1 en el Estadio Nacional de Lima. Algo que muchos no recuerdan es que Cristal también contaba con históricos. En sus filas militaban ocho convocados habituales a la selección peruana (Julio César Balerio, Manuel Marengo, Miguel Rebosio, Jorge Soto, Julio “El coyote” Rivera, Jorge Ramirez y Roger Serrano) y contaba con figuras extranjeras como Luis Bonnet, y el siempre carismático ghanés Prince Amoako.

En las semis, Racing cae derrotado por un global de 6-4. La máquina celeste iría por una inédita final.

BELLOS RECUERDOS INGRATOS


La final contra Cruzeiro es un trago amargo que nadie quiere tomar y yo no los voy a obligar. Solo recordaré que Cristal perdió esa copa, que pudo ser 101 perfecta, por un gol de Elivélton en Belo Horizonte que acabó con la ilusión de ver al primer campeón peruano de Copa Libertadores. En realidad, no acabó con la ilusión porque hasta ahora continúa. No obstante, es muy lejana. Tiene, mejor dicho, un tinte de quimera. 24 años después, los seguidores del fútbol local que estamos cuerdos continuamos lamentándonos por aquella copa. Mientras tanto, los que no pudieron soportar tanta realidad (no los culpo), los que deambulan por el presente, pero viven en el pasado, están llorando en su habitación, sienten que todo se nubla a su alrededor y le piden a los dirigentes, a los futbolistas o a la nada -porque ya no saben a quién pedirle que le devuelvan a su equipo.


Final a la aventura continental. Un gol de Elivélton priva a los peruanos de coronarse.




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